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La caja de Pandora el blog de Sofía Cárdenas Cortés


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27 de noviembre, 2016

Bienvenidos a Tiangong. El viaje de dos astronautas al laboratorio espacial

 

Más allá de lo que podemos percibir, a dónde todos nos queremos escapar. A veces, solo a veces… algunos seres humanos viajan más allá. 

 

Haciendo un poco de running, y con un presupuesto de unos 5.000 millones de euros, bastante alejado del presupuesto espacial estadounidense, China se ha hecho hueco fuera de la atmósfera. Lleva alrededor de una veintena de lanzamientos al espacio que tienen como cometido estudiar la materia oscura o los agujeros negros, y varios planes para los próximos diez años que incluyen una sonda dirigida hacia la cara no observable de la luna y otra hacia Marte con la misión de estudiar la superficie y la atmósfera del planeta. Como guinda del pastel, el llamado gigante asiático se ha propuesto mandar en 2025 una misión tripulada a la Luna.

 

Hace unas semanas, la nave Shenzhou-11 transportó con éxito a dos personas hasta la futura estación espacial. En concreto, los astronautas chinos Jing Haipeng y Chen Dong, que viajaron a bordo de la nave Shenzou-11 hasta llegar, dos días después, a Tiangong 2, el laboratorio enviado un mes antes de esperar compañía de ser humanos. Jin y Cheng pasarán 30 días comprobando que todo funciona bien y realizando experimentos sobre medicina y tecnología espacial. Para China esta es su sexta misión tripulada y la más larga hasta la fecha; un paso más que les acerca a su proyecto de terminar, para el 2022, una estación espacial propia. Cheng alcanza por primera vez el espacio con su compañero veterano Jin, que llega más allá de la tierra por tercera vez.

 

Esta parte del proyecto en concreto conlleva, además del reloj más preciso del mundo (el primer reloj atómico lanzado al espacio), una serie de experimentos interesantes: comunicación por laser, detector de rayos gamma, desarrollo biológico fuera de la Tierra, composición de materiales espaciales, etcétera.

 

Tras casi un mes en Tiangong, mientras juegan a buscar las mayores fuentes de energía del universo y examinan la esencia de su materia, los astronautas empiezan a perder masa espacial y los médicos les recomiendan que aprendan a correr en el espacio.

 

Tener que volver a aprender a ser una persona, extraño efecto, primer síntoma de estar en un lugar en el que, por esencia, no te corresponde estar. El segundo es verte a ti mismo transformado en un objeto, algo al servicio de otra cosa. Cada vez que el fin u objetivo de algo responde a un interés anterior, el fin u objetivo palidece, se desprende de un pequeño porcentaje de su esencia.

 

El Proyecto Tiangong comenzó en 1992, seis años antes que comenzara la historia de la Estación Espacial Internacional. Ambos idénticos proyectos siguen por terreno fanganoso una carrera espacial marcada por la desigualdad de condiciones y las estrategias políticas de dos grandes potencias mundiales.

 

El programa espacial de China comenzó en 1992 a partir de tecnología rusa, copiando, para crear Shenzhou, la nave Soyuz de la Estación  Espacial Internacional. Por su parte, con el paso de los años EEUU ha ido disminuyendo los recursos que distribuye a la carrera espacial, los científicos de la NASA han rebajado sus objetivos a los menos pretenciosos. El gobierno estadounidense necesita minimizar riesgos económicos, China, por el contrario, ha priorizado estas investigaciones con una inversión constante hasta llegar a primera línea. Ahora se espera terminar la estación en el 2022, tiempo en el que la Internacional se quede sin fondos y tenga que desaparecer. Tiangong será la única presencia constante en el espacio, el hueco de estudio y trabajo del ser humano fuera de su planeta madre. La salida de la Tierra será por oriente.

 

En noviembre del año 2015, la Comisión para la Revisión de la Economía y la Seguridad entre EEUU y China envió un informe al congreso estadounidense en el que se incluía un apartado de la investigación espacial china definiéndola como eficaz y potencialmente peligrosa. Como antecedente, en 2007 China destruyó uno de sus satélites con un arma anti-satélite sin dar explicaciones sobre el motivo de la destrucción a ninguna de las naciones que se lo preguntaron. Por su parte, a pesar de que el programa espacial Chino está supervisado directamente por el Ejército Popular de Liberación, China se empeña en asegurar que esas investigaciones tienen un fin pacífico.

 

Según el informe de Estados Unidos el objetivo de China es garantizar su supremacía en una carrera armamentística oculta bajo la sombra de un posible conflicto internacional. El informe describía la estrategia de la investigación espacial como un mecanismo de desarrollo de tácticas militares, tanto de antiacceso (frenar el despliegue de fuerzas de un adversario) como de áreas de negación (obstaculizar las operaciones de un adversario allí donde los aliados no tienen acceso). Las grandes potencias imaginan que la guerra que queda por pasar (winter is coming...) se decidirá por los espacios del espacio, desde fuera y desde lejos. La trinchera del sofá y del mando a distancia.

 

Justificado o no, el informe estadounidense refleja la obsesión humana del control de información y el pánico a no tenerla, o no tenerla suficientemente pronto. Es la clave de todo lo demás, de todo producto que se utiliza como reclamo atractivo: la promesa del control. Una promesa falsa en vano, que no incluye el azar, y qué está en la base del bullying y de otros mecanismos que tienen las personas de exteriorizar su miedo a no saber lo que va a pasar, a no saber si, el día de mañana, van a ser capaces de sobrevivir. El ser humano contemporáneo necesita dejar todas las cartas al borde la mesa, ansía de manera demencial una transparencia de la que, en realidad, nunca termina de fiarse. Y esa necesidad es la que frena los grandes sueños, los grandes propósitos.

 

¿Cuál será la transparencia de los astronautas?

 

Puede que alguno de ellos, a lo mejor Jing, no quiera intuir que a lo mejor ha ido al espacio para que puedan matar o torturar a alguien de manera más eficiente. O puede que ya lo sepa y acepte la cortina de humo como parte de su ser.

 

A lo mejor no lo acepta, y está allí arriba en el espacio sin manera alguna de retroceder. Las decisiones no existen, nunca se sabe lo que hay al otro lado.

 

Más allá de lo que podemos percibir, a dónde todos nos queremos escapar. A veces, solo a veces… algunos seres humanos solo quieren volver a poner los pies en la Tierra. 

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