Cartas desde Florencia

Shirin Salehi

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una matriz de cobre aguarda tres semanas
medida aproximada lo que queda de ella: 5 x 5 cm.

 

La Figlia Che Piange
O quam te memorem virgo…

Quédate en lo alto de la escalinata―
Apóyate en un ánfora fúnebre del jardín―
Teje, teje con los rayos del sol tu cabello―
Estrecha contra ti tus flores con sentida sorpresa—
Arrójalos y vuélvete hacia mí
Con un resentimiento fugaz en la mirada
Pero teje, teje con los rayos del sol tu cabello.
(...)

T. S. Eliot

 

 

Miércoles 4 de octubre de 2016
Sala de lectura, biblioteca delle Oblate, Florencia
Carta primera

Querido Elliot:

 

Tengo unas primeras intuiciones. Quisiera compartirlas contigo. ¿Me permitirás estructurar mis pensamientos mientras te escribo? Desde hace tiempo pienso en las poéticas del proceso en el grabado mientras trabajo a solas en el estudio o cuando observo el trabajo de mis alumnos envueltos en sus propios procesos de creación.

 

Manejamos unos conceptos continuamente presentes: la huella, la memoria, la materia, el azar, el tiempo, el cansancio, la repetición, la reiteración, la multiplicidad y regreso de nuevo al tiempo: tiempos de construcción de la imagen, de su desplazamiento de matriz a estampa, tiempos mentales, tiempos físicos.

 

La lentitud de la gramática de creación de la imagen, la lentitud de la ejecución es inherente a la poética del grabado. Es asombrosa esta relación para mí. ¿No sería bello y también pertinente dedicarle un tiempo de reflexión mientras transcurren los largos tiempos de construcción de la imagen que tengo en mente?

 

Deseo retornar hacia la matriz como materia-mater, como materia-memoria y revisar la dialéctica entre azar, tiempo y huella con una mirada heurística desde el propio proceso del grabado. Jugar con la espera. Aguardar largos tiempos. ¿Cuándo intervenir? ¿Cuándo suspender la espera? Deseo extender el azar hacia fuera de los límites de su acontecimiento, dejando así que el accidente tome significado en toda su dimensión.

 

Las matrices albergan el tiempo y la memoria del lugar mientras yo no intervengo. Una presencia presente pero de mínima intervención: ¿qué ocurrirá en ausencia del ansioso control? Cada matriz sufre una transformación diversa e imprevisible. Son diálogos del azar, el tiempo y la propia materia.

 

He comenzado con las primeras pruebas. Mis matrices de cobre y zinc aguardan sin expectativa en un diminuto patio, transformándose indóciles en ausencia de un alquimista, mientras yo comienzo a caminar esta bella ciudad.

 

 

¬¬

 

Viernes 13 de octubre de 2016
Sala de lectura, biblioteca delle Oblate, Florencia
Carta segunda

Querido Elliot:

 

La fundación Il Bisonte es hermosa. En el patio de entrada, confundidas entre jazmines y enredaderas, unas sigilosas granadas custodian el recuerdo de Maria Luigia Guaita, fundadora del centro. Algo más abajo su sombra y decenas de piedras litográficas, memoria apilada de otros grabadores que pasaron por aquí. Llovizna desde mi llegada.

 

Durante mis fallidos intentos de comunicación con mi abuela en Teherán me siento en el banco del patio contemplando las idas y venidas de los alumnos de la escuela para quienes los residentes somos cual forasteros. Frente a mí, entre la columnata de los altos limoneros, unas rosas blancas hacen guardia a las oxidadas bicicletas sin dueño. Tengo un espacio de trabajo asignado en el anexo al taller principal. Es un lugar resguardado. Con ranúnculos fríos en las sombras y aquel familiar olor a barnices, tintas y petróleo. Dispongo de dos tórculos, mesas de estampación y un pequeño patio dedicado a la alquimia de las matrices. Aquí trabajaré el próximo mes.

 

Una de las matrices, abandonada a su suerte durante mi primer fin de semana descubriendo la ciudad, sufre de una alteración en mayor medida que las anteriores, perdiendo casi toda su materia. Su grosor se reduce hasta llegar a ser realmente frágil en sus extremos. A pesar de esta fragilidad aún no intervengo y extiendo el tiempo a una mayor acción aguardando y expectante de conocer hacia qué límites se transforma la materia. El azar se extiende y el accidente se desborda.

 

Estampo cada estado de la matriz, registrando así las huellas de la transformación de la materia en sus distintos estados hasta su desaparición. La imagen final no será una imagen acabada como se concibe habitualmente en el grabado sino la suma de imágenes-vestigio, presentadas como una secuencia que ofrece una mejor visibilización de la temporalidad de la transformación de la materia.

 

Las pruebas de estado habitualmente se dirigen hacia un estado de perfección o de plenitud de la imagen hasta alcanzar el bon à tirer, y sin embargo, mis pruebas de estado conducen hacia la desaparición de la matriz. Cada una recoge un instante, una huella de la materia mientras desaparece de sí.

 

Casi toda nuestra atención en la creación de la imagen calcográfica reposa en la fase de alquimia del grabado, pero luego ella es desplazada al papel. ¿Recuerdas nuestras fervorosas conversaciones en el taller sobre la relación entre la matriz y la estampa? Para mí el papel será el lugar donde algo ocurre y no solo el soporte de estampación de la matriz: no será solo una imagen desplazada e invertida sino imagen misma. Pero cuando hablamos de imagen, ¿dónde se encuentra la imagen incipiente? ¿Es la verdadera imagen el deseado bon à tirer o es aquella que reside silenciosamente en la superficie de una matriz que quedará abandonada en los rincones del taller o quizás, en algún afortunado caso, expuesta en un cuidado gabinete? 

 

¿Cómo definir el territorio invisible de la matriz? ¿Cómo preservar la memoria que pertenece a ese territorio cuando todo se dirige hacia un resultado reproducido?

 

Te escribo desde la biblioteca delle Oblate donde cada día trabajo tras el cierre del taller. Me gusta sentarme de espaldas a la entrada. Cuando alzo la mirada tengo ante mí una pálida Anunciación restaurada de un anónimo del siglo XV que ocupa la pared del fondo de la sala de lectura. ¿Sabrá algo de la fragilidad de quiénes compartimos la sala con ella? La biblioteca es un antiguo convento de gran belleza como lo es el resto de esta ciudad. Estoy en via dell’ Oriuolo a escasos metros de Santa Maria del Fiore, pero aquí, por fortuna, no se asoma ningún turista distraído. Las guías de turismo se han olvidado de ella.

 

La cúpula del Duomo emerge majestuosa desde la terraza de la biblioteca. ¿Son nuestros ojos capaces de soportar tanta belleza? Entre brumas y envuelta por tanto asombro termino la semana de trabajo.

 

 

Aguardo tus sonidos.

 

 

 

Rembrandt, el pensador,

Aguafuerte, gabinete estampas, Gli uffizi

 

 

¬¬

 

Viernes 27 de octubre de 2016
Sala de lectura, biblioteca delle Oblate, Florencia
Carta tercera

Querido Elliot:

 

Cada tarde mientras dialogan azar y tiempo y mis matrices se transforman, perdiendo su materialidad física bajo los efectos de la corrosión, camino la ciudad. Siguiendo lo struzzo fiorentino (una guía de los secretos de Florencia) entro por segunda vez en la pequeña chiesetta di San Martino al Vescovo. Asombra la historia de la iglesia y el trabajo de la Compagnia degli buonuomini, pero donde quisiera detenerme es en los frescos de la escuela de Ghirlandaio pintados en sutiles tierras rosas, grises velados y azules agrisados. Son hermosos retratos de la Florencia del quattrocento.

 

El grabado es continuo pensamiento. Continuo trabajo de resolución de detalles técnicos. Una gramática de previsiones y resolución de accidentes. Y de ese pensamiento emerge su singular poética.

 

He dedicado la semana a la preparación de una nueva matriz de dimensiones mayores. Ocupa unos 50 x 60 centímetros. Deseo partir de una oscuridad que solo me ofrece una aguatinta cual manera negra. Buscando una resina fina y resistente al mismo tiempo, Manuel Ortega, el amable maestro del taller, me ha acompañado en su preparación. Son largos procesos, exigentes en tiempo, pruebas y revisiones y todo ello a fin de preparar un inicio. Manuel lo sustantiva como fondo, pero ese término para mí se diluye. No es un fondo desde donde partimos, es del todo, de la oscuridad de un lugar incipiente: un lugar desde el cual se asomarán las luces y los sutiles y suaves medios tonos. Poética y gramática. Arte y oficio. Es en su equilibrada comunión la búsqueda de toda imagen artística.

 

En la mañana del viernes me encuentro en las cubetas del patio el resto de una matriz de cobre desvanecida por el ejercicio químico de la materia corrosiva. El delicado fragmento de metal roza el ámbito de la escultura o quizás del hallazgo arqueológico, pero sobre todo reside en él una mirada sobre los procesos mentales y de ejecución propios del lenguaje del grabado.

 

En la tarde un claustro de naranjos y una joven de rostro luminoso me hacen descubrir otro rincón de la ciudad: La badia Fiorentina. Ella me invita a los cantos de las Vísperas. Al anochecer, a mi regreso al destemplado apartamento de alquiler, paso despacio la mano por la portada de El Aleph. En la primera página una suave y candorosa caligrafía me reclama no caminar el mundo sin ir de la mano de Borges. Se deshiela la estancia.

 

 

¬¬

 

Viernes 3 de noviembre de 2016
Sala de lectura, biblioteca delle Oblate, Florencia
Carta cuarta

Querido Elliot:

 

Es el quincuagésimo aniversario del sobrecogedor aluvión de Florencia. La ciudad está agitada con emociones del recuerdo. El fin de semana en la magnífica Capella dei Pazzi el ayuntamiento florentino presentó un homenaje a sus ciudadanos y en especial a Gli Angeli del Fango. La desmemoria no tiene lugar aquí.

 

Sigo trabajando sobre la aguatinta. La he titulado con un verso de T. S. Eliot que leí a mi llegada a la ciudad: ‘…pero teje, teje con los rayos del sol tus cabellos’. Dedico largas horas a la acción de bruñir. Metal contra metal. Un ejercicio físico cansado y exigente. Poco a poco unas titubeantes luces aparecen desde la profunda oscuridad. Busco una manera negra de veladuras: grafito sobre rosa. La estampación se hace compleja. El ojo cansado y así, la mano. Se requiere de pruebas, infinitas pruebas. Ante el persistente óxido del metal tarlatanas renovadas y un cuidadoso entintado –no hubo tiempo para un posible cromado aquí–. Las luces de un velado rosa se asoman titubeantes desde el grafito preparado con pigmentos. Velo sobre velo. Aguatinta sobre aguatinta.

 

Pienso en la lentitud de la creación de una imagen calcográfica. ¿Cuántas veces no se asemeja el trabajo del artista grabador en su taller al del monje artesano? Ahí, fuera del taller, la ciudad acelera, aquí dentro una irremediable lentitud. Quizás en esta irremediabilidad reside su poesía, su cargada presencia, su magia.

 

Hemos tenido días festivos y he viajado a la ciudad de Venecia. A mi regreso al taller restaban dos fragmentos de unas matrices mayores que me aguardaron durante el largo puente. Azarosamente no han perdido su grosor. El resto de la materia ha desaparecido.

 

En otro caso, sin embargo, con una solución de percloruro férrico nueva, la matriz ha sufrido una metamorfosis tan veloz que debo intervenir antes del cierre del taller. Mañana no habría huella de su presencia. Su materia física se ha reducido hasta un grosor mínimo y unas bellas formas toman posesión de sus extremos. No es mi intención suspender la espera cuando la matriz se convierte en un ‘objeto bello’. De forma sistemática evito tal posibilidad, aunque dime, ¿cuántas veces no nos quedamos embelesados ante la belleza del cobre corroído?

 

Termino la semana visitando la cripta de San Miniato al Monte. Hay una oración cantada en la penumbra. Tengo una visita.

 

 

 

 

¬¬

 

Martes 14 de noviembre de 2016
Sala de lectura, biblioteca delle Oblate, Florencia
Carta quinta

Querido Elliot:

 

Hoy es mi último día de trabajo en la residencia. He finalizado la tarea de estampación. Al contemplar las estampas, como en tantas otras ocasiones, pienso en el extraño e intangible peso que contienen como si la ligereza las hubiera abandonado para encaminarse hacia otros lenguajes. Quizás ese peso provenga de la memoria de su proceso, de los largos tiempos, de la lentitud y de la complejidad de su gramática. Su poética no está disociada de ellos.

 

He trabajado para la última prueba con una fuerte materia corrosiva –nueva preparación de ácido nítrico– y así la matriz se metamorfosea en un corto tiempo dentro del transparente mordiente. Suspendo la espera e intervengo antes de que este último fragmento de matriz también desaparezca. Lo que queda, aun de formas desapacibles, es una bella materia-memoria.

 

Comienzo a recoger los trabajos para regresar a casa en unos días. Las estampas abrigadas entre cartones y secantes han terminado de prensarse. Son las elecciones estadounidenses. No podría negarte la tristeza de los cuerpos que se mueven por el taller mientras trabajan arropados por la Radio Toscana de música clásica.

 

Hace unos días se ha marchado Leonard Cohen.

 

Cada vez que muere un poeta, el día se torna gris, el corazón se encoge. Pienso, sin embargo, que es preciso retirar súbitamente esa nostalgia retornando a ellos, leyendo sus poemas en repetición haciendo un homenaje a aquello que nos dejaron y preservar los instantes efímeros. Inscribirlos y así atesorarlos de algún extraño modo para siempre.

 

¬¬

 

“pero teje, teje con los rayos del sol tu cabello”, Shirin Salehi, 2016

 

Bajo un cielo extraño
sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra

Ingeborg Bachmann

 

 

 

 

Shirin Salehi (Teherán, Irán, 1982) reside y trabaja en España desde 1999. Artista visual, investigadora y docente, ha recibido premios de residencia artística por la Casa de Velázquez (Académie de France à Madrid), Il Bisonte Fondazione (Florencia) y la Fundação Bienal de Cerveira (Portugal) y de formación por la Fundació Pilar i Joan Miró (Mallorca) y por el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (La Coruña). Su trabajo ha recibido, entre otros reconocimientos, el primer premio al libro de artista de la Fundación Ankaria (Madrid, 2015), el premio especial Combat Prize (Livorno, Italia, 2015), y recientemente el segundo premio en el Premio Internacional de Arte Gráfico Carmen Arozena (Madrid, 2017). Ha participado en exposiciones en galerías, ferias e instituciones públicas y privadas en Europa desde 2009. Máster en Investigación en Arte y Creación por la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, a su término publicó (velado): manifiesto de una artista en tiempos de ruido (2016). En FronteraD ha publicado (velado) Manifiesto de una artista en tiempos de ruidoHermanos que se devoran ‘y aquella pequeña acacia en el patio’. En torno a Farideh Lashai y Goya.

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