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La historia no tiene libreto el blog de Joseba Louzao


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29 de julio, 2014

Por bosques profundos: los once primeros capítulos del Génesis

 

La memoria humana es tremendamente frágil. Los mitos nos hablan siempre de los orígenes. Sabemos que son historias imaginadas que portan una profunda verdad. Son narraciones a las que hay que atender necesariamente. Los mitos nos hablan de experiencias humanas y del sentido profundo de la existencia. Parece generalizada la idea de que cada vez atendemos menos a los mitos, aunque los sigamos necesitando. Con todo, probablemente, los críticos no comprenden que los mitos se recomponen a cada paso en un mundo al que le cuesta desencantarse. La mitología del siglo XXI es cambiante y plural, pero sigue bebiendo de las mitologías tradicionales.

 

Los once primeros capítulos del Génesis son una demostración palpable de la importancia de la mitología o lo que algunos autores refieren como narraciones paradigmáticas. Muchos de los productos de consumo cultural actual beben de su simbología y su representación. De hecho, hace unos meses llegó a los cines la enésima reconstrucción cinematográfica sobre Noé y hace apenas un año Antena 3 anunció a bombo y platillo una miniserie sobre la Biblia. Y es que los primeros capítulos del Génesis están repletos de personajes y lugares simbólicos (Edén, Adán, Eva, Babel, Caín, Abel…) con una profunda carga mitológica que han sabido aprovechar, entre otros, incluso la popular serie de Los Simpsons.

 

En el caso del Génesis nos enfrentamos a otro problema. En demasiadas ocasiones la historicidad y la veracidad de sus pasajes han opacado las interpretaciones más cercanas a la realidad bíblica. No son pocos los que se acercan a ellos para demostrar que «la Biblia es mentira», ni tampoco los que, desde una lectura profundamente fundamentalista, pretenden encontrar verdades centrales para su fe con los datos que allí encuentran. Otros se aproximan al Génesis para atacar la racionalidad de las creencias religiosas. Frente a unos y otros, habrá que destacar que los relatos del Génesis no son ni historia ni ciencia. 

 

Estamos ante una profunda historia de amor. El inicio del encuentro entre Dios y el ser humano. En estos once primeros relatos del Génesis nos encontramos con la explicación del sentido de la vida desde Dios. Orígenes afirmaba que «las almas saborean el frescor a la sombra de los sentidos que encuentran en las Escrituras, y de algún modo se pasean por ellas como por bosques profundos». El Génesis nos envuelve en la profundidad de un frondoso bosque de narraciones y símbolos con los que tenemos la obligación de dialogar. En el fondo, es el preámbulo de una historia y de un encuentro. George Steiner lo intuía al final de Gramáticas de la creación: «es difícil creer que la historia que comenzara en el Génesis haya terminado», para concluir la última página de su ensayo asegurando: «hemos sido durante mucho tiempo, y creo que lo somos aún, los huéspedes de la creación. Debemos a nuestro anfitrión la cortesía de la pregunta».

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