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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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2 de junio, 2019

De mi diario : Semana 22 / 2019

 

Weiß/Colonia, 26.5.

En el suplemento semanal del Kölner Stadt Anzeiger dedicado al turismo y los viajes viene hoy una reseña muy completa sobre Lisboa, y al hablar del Bairro Alto se nos dice que el número de boutiques, galerías y kioskos, de restaurantes, bares, tabernas y locales de fado es allí bastante superior al de los demás barrios lisboetas. Y en lo que atañe al fado, esa música «tan portuguesa como el oporto y los azulejos», el cronista sugiere oírlo toda una noche, para terminar diciendo: «También nosotros lloramos al final, aunque –desde luego– eso tuvo más que ver con la cuenta que nos presentó el camarero». ♫♫ Olhai, senhores, esta Lisboa d'outras eras... ♫♫

 

Leí de una sentada Clauss, aunque en la segunda página del cuerpo principal del libro estuve a punto de cerrarlo y dejarlo de leer, ante la acumulación de frases redactadas como si las hubiesen escrito escolares de primaria. Pero pensé en mi querido Haika, y en Anita, su hija (que una vez me visitó en mi despacho de la Deutsche Welle), y seguí leyendo. La redacción mejoró bastante sin pasar de un nivel casi de gacetilla, y detecté varios errores de bulto, como por ejemplo llamar “general de campo” (grado que no existe en ningún escalafón militar del mundo) al mariscal de campo Hindenburg; o llamar “Palos de Moguer” a Palos de la Frontera, un gazapo toponímico del tamaño del monumento a Colón en la Punta del Sebo, e imperdonable en un libro editado en la vieja Troglodia; o referir que la Hermandad de la Victoria desfila el Jueves Santo, siendo así que la del Cristo de la Victoria desfila el Domingo de Ramos, y la de María Santísima de la Victoria lo hace el Miércoles Santo, etc. Pero debo rendirle honores al trabajo investigativo de los autores, cuya documentación, si no ha sido exhaustiva, por lo menos lo parece. Y porque por un par de horas he vuelto a estar en Huelva, y a sentir el tirón con que la cabra sube al monte.

 

Después de leer mi diario, me escribe desde mis madriles Manolo Ferro: «Querido Ricardo, impresionante esa voluntad para llevar ese exhaustivo diario. Que las fuerzas te acompañen hasta la victoria final». Le respondo: «Querido Manolo, aunque no te lo creas, escribir el diario no me cuesta ningún trabajo porque todos los apuntes los despacho sobre el tajo. En la tarde del sábado le dedico una hora larga a repasarlos y corregir un mal teclazo, borrar un adjetivo de sobra, corregir algún paso en falso, etc, y buscar los enlaces para los hipervínculos, en fin, ya conoces el paño. Ello quiere decir que es una actividad que me divierte y me resulta fácil. Y el secreto está, creo, en que no lo escribo para hacer literatura (que es el mal que padecen todos los diarios que conozco, incluyendo los del pedigrí más alto), no, yo lo escribo para dejarle memoria de mí a mis hijos y mis nietos, y a mis nietos, además, el relato de sus infancias. Fíjate que a fuerza de hacer mucha memoria puedo llegar a contar, si acaso, una docena de anécdotas de la infancia de mis hijos. En cambio, las infancias de mis cuatro nietos están presentes al 100% de anécdotas en mi diario. Y otra cosa. Tengo amigos editores que leen mi diario desde hace diez años, y les gusta, y me lo han dicho, pero ninguno me ha hecho ni la más lejana sugerencia de publicarlo. Claro. Porque no es literatura, y lo que ellos publican (incluyendo no pocos diarios y memorias) es literatura. Lo tengo más claro que el agua». Dicho de otro  modo: me cago en la literatura. Digo, en lo que se refiere a los diarios. 

 

Weiß/Colonia, 27.5.

Diny con grandes dolores en la cadera derecha, hasta el punto de que al regresar de la farmacia, donde fue a buscar un bálsamo de Fierabrás, aprovechó el viaje para comprarse un bastón de lo más barroco (me refiero a la empuñadura).

 

En las elecciones europeas, acá en Alemania, los Verdes han desbancado a la socialdemocracia del segundo puesto en el espectro político. En Colonia, además de a la SPD, también a la CDU, la democracia cristiana; aquí los Verdes han sacado casi tantos votos como los otros dos partidos juntos. Una de las mandamases verdes lo ha comentado, y creo que con razón, diciendo que la gran ganadora de las elecciones ha sido la protección del medio ambiente. Luego, en Estrasburgo y en Bruselas ya se cuidarán de ponerle las zancadillas necesarias a fin de que, según postulaba el príncipe gatopardo, todo cambie para que todo siga igual.

 

Viniendo a cuento de otra historia, le conté a Marjorie una anécdota de la vida del gran matador de toros Juan Belmonte : Tuvo Juan una de sus mejores tardes, en Madrid, y luego en el hotel, mientras se vestía ropa de paisano se había reunido como siempre una tertulia de amigos y admiradores, entre ellos Ramón Pérez de Ayala, el gran novelista y crítico teatral, quien le dijo: «Ahora, Juan, lo que le falta para ser inmortal es morir en la arena». A lo que Belmonte le respondió: «Se hará lo que se pueda, don Ramón». Me contesta Marjorie, desde Costa Rica: «Me has hecho reír con esa genial anécdota del torero. Y me has traído a la memoria –cada vez más mi amiga y mi enemiga– una época en que mi aspiración era ser torera. Me duró desde los dos años hasta los siete, aproximadamente. Mi padre era abogado del "apoderado" Francisco Escalona, el empresario español que traía los toreros mexicanos y españoles a la única plaza de toros del país, la Plaza Solera, en el centro de San José. A menudo me llevaba, y yo solo veía las lentejuelas, las banderillas, los sombreros, la valentía, la admiración del público por los matadores. Uno de ellos, Morenito de Valencia, me regaló un payaso de trapo que fue mi compañero por años, y al que mi hermano, ignoro por qué motivo, bautizó "Mula grepa". Ese regalo selló mi decisión: sería torera, como algunas muchachas mexicanas que también toreaban en la plaza. Mientras, me entretenía jugando y soñando con los talonarios de entradas que no se vendían, papelitos de colores variados con los que se podía escuchar una plaza rugiendo. Todo duró hasta una mañana, en la hacienda de los abuelos, que se me ocurrió torear, con una cobija roja, al primer semoviente que se me atravesó. Era en realidad una vaca recién parida y tuve que correr desesperada hasta pasar por debajo de una cerca de púas para ponerme a salvo, mientras el animal bufaba y rascaba la tierra con las patas, a muy corta distancia. Allí se terminó el sueño de ser torera, pero no el amor por los toros, que me acompañó por años». 

 

Weiß/Colonia, 28.5.

0:45 am : Al cabo de muchos años vuelvo a ver Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha y me parece que es una peli que ha envejecido mal, o es tan sólo la interpretación de Gian Maria Volontè, tan sobreactuada que provoca un efecto de rechazo de la peli en general. Lo que no ha perdido gracia es la irónica partitura de Ennio Moricone. Malpensante que es uno, creo que ella es, bajo cuerda, un subrayado crítico del metraje. E se non è vero, è ben trovato.

 

En La Modicana, hoy, Carlitos y Diny piden lasaña, yo espaguetis à le pauvre Jean. Hay dos hombres dos mesas más allá de la nuestra, que hablan sin solución de continuidad y en un tono tan plano y monótono que igualmente pueden estar platicando acerca del futuro de la Unión Europea o de la recría del cangrejo en zonas de secano. A Carlitos le caen requetemal porque atentan contra el sagrado silencio modicano. Por nuestra parte, hablamos de las recién pasadas elecciones europeas y sus consecuencias, sin ponernos de acuerdo. Pero le pido a Carlitos que, por favor, cuando no sepa de qué va el tema, que no invente. Le conozco. Para él lo esencial no es la plática sino la controversia. Y yo estoy demasiado viejo para esas batallitas.

 

Weiß/Colonia, 29.5.

He leído de una sentada Voces de La Vera, el último libro de Juan Villa. Es uno en el que no sé qué admirar más, si lo que cuenta o cómo lo cuenta. Al final decido que lo que más me gusta es una simbiosis tan bien lograda entre los personajes, sus peripecias y sus hablas, y el discurso en que lo vivimos al leer estas páginas. Creo que a Juan hay que alinearlo con José Nogales y con José María Vaz de Soto, tal vez también Manuel Garrido Palacios e Hipólito González Navarro, pero los de las J van por delante, en especial Juan, quien con el espacio de su narrativa (el coto de Doñana) le ha regalado a Huelva poco menos que un condado de Yoknapatawpha.

 

Me las prometía felices porque a las 8:15 pm pasaban –de hecho la están pasando– en el canal Arte La pazza gioia [Locas de alegría], una peli italiana que aún no conocía y las críticas que leí sobre ella me habían abierto un gran apetito por verla. A las 8:15 en punto aparece en la pantalla el presentador del programa, la anuncia, y a continuación la pantalla se llena de unos bultos que parecen un desparramo de mercurio polícromo sobre el cual aparece un aviso en el que se nos comunica que, por problemas de derechos de autor, esta peli no puede verse en otro soporte que un televisor... y el nuestro lo detenta Diny con un programa de los que le gusta ver. Yo pensaba verla en mi compu, pero «Mi gozo en un pozo», como decía mi abuela Remedios. Lo que me emputa es pensar en el sadismo del canal dejándonos con la miel en los labios tras anunciar el pase de la peli. Y bueno, Sade era francés, el canal le hace los honores. Jueputa.

 

Weiß/Colonia, 30.5.

Hoy es Himmelfahrt [la Ascensión], tradicionalmente Día del Padre en Alemania. A mí lo que más me gusta del día es el nombre, literalmente “viaje al cielo”, y su versión de humor negro en el lenguaje militar alemán. En ese ámbito se llama “Himmelfahrtkommando” a una misión en la que probablemente se perderá la vida. Es decir, se irá uno derechito a saludar a san Pedro. Para que digan que a los alemanes les falta el sentido del humor.

 

Francisco Javier Bris Gallo es un lector asiduo de mi diario, desde hace años. No lo conozco sino por los emails que me manda de vez en cuando, y en uno de los cuales me informó de que su hijo estudiaba acá en Alemania, creo que en Giessen, y que a veces venían él y su esposa a visitarlo, y que tal vez en una de esas ocasiones se dejase caer por Colonia para que por fin nos pudiéramos conocer de córpore insepulto, como suelo decir. Lo cierto es que ayer miércoles vino con su esposa y su hijo a Colonia, almorzaron en La Modicana y me acaba de mandar vía emails las fotos que documentan su paso por ese lugar medio mítico para los lectores de mi diario. Y me explica de este modo el hecho de no haberme avisado: «Ni por asomo se me ocurriría irrumpir en su cotidianidad ni hacerle perder el tiempo con visitas de desconocidos. Sólo quería hacerle partícipe de mi corta estancia por estos sus lares, y de mi emoción porque a partir de ahora cada vez que le lea podré “sentir” el entorno en el que escribe y se mueve. Sí debo confesar que mi intención era haber comido en La Modicana el martes, por si sonaba la flauta y coincidíamos, aunque en ningún caso tenía intención de acercarme a molestarlos; pero nos entretuvimos más de la cuenta en Dusseldorf, y no fue posible. Nos volvemos para casa mañana, s.D.q. Con la emoción de ver cumplida una ilusión que nació cuando empecé a leerle». Me deja conmovido. Ojalá vuelva pronto a Alemania y podamos conocernos, lectores así no se encuentran a la vuelta de la esquina. Ni siquiera la de Priestley.

 

Weiß/Colonia, 31.5.

1:00 am : El silencio de los corderos, una peli por la que parece que no pasan los años. Una de las nada más que tres –hasta donde yo sé– que han conseguido los cinco Oscar principales (mejor peli, mejor director, mejor actriz, mejor actor, mejor guion). Las otras dos: Sucedió una noche y Alguien voló sobre el nido del cuco. En Sucedió una noche, inolvidable para mí la escena cuando haciendo auto stop y mostrando una pierna, Claudette Colbert hace que se detenga un auto, y sigue este diálogo con Clark Gable: «¿Por qué no se sacó toda la ropa? Hubiese podido detener 40 autos». «¡Huiiiiiiiiiiiiiiiiii, qué bien! Lo recordaré cuando necesitemos 40 autos».

 

Aparece puntualmente mi columna en EE, y tal y como me lo figuraba hay una extensa cauda de comentarios en el foro. Pero el mejor comentario es el que  me hizo Marcos desde Karakogrado, capital de Venezuelistán: «He leído muchísimas notas sobre el tema feminista (el tema, no la tema), pero tú lo sacas de los terrenos expresivos de la ira para provocar una sonrisa en tus lectores; de esas sonrisas que surgen cuando uno lee un escrito inteligente pero bien escrito, sencillo y corto». No sé si todos los elogios son merecidos, pero corto sí que lo es el texto.

 

Almorzamos con Ulli & Carlos en el Bistro verde. Diny consigue la última porción del gulash de cordero del miércoles, y la pareja y yo pedimos Rösti con salmón ahumado. Y el ambiente es tan agradable que después del almuerzo encargamos otra ronda de bebidas y platicamos casi una hora más. Y de allí a la exposición de fotos de Chiqui en la galería de Carmen, quien ya nos estaba esperando, amabilísima como siempre. Departimos con ella un rato largo y regresamos a casa con el cansancio propio de tanto trasiego, pero contentos y felices porque todo ha salido a pedir de boca. Un viernes en la tercera dimensión.

 

Weiß/Colonia, 1.6.

Termino la lectura del segundo episodio de la saga del comisario Roger Blanc, en la Provenza. Y ya tengo en mi poder los episodios cuarto y quinto, el tercero llegará la semana próxima porque la transferencia que hice para pagarlo me notifica el Banco que me ha sido devuelta, me equivoquè en ¡¡un número!! de los 20 que conforman el IBAN. La recontrarrequeterremilputa que los recontrarrequeterremilparió. Al inventor del IBAN y a los Bancos.

 

Henri en casa, porque Montse vuelve el martes de Mallorca y Frank tenía esta tarde un torneo de tenis. El problema que se plantea es que Henri quiere ver la final de la Champions y acá no se puede ver sino en canales de pago, Sky y Dazn. Poco después de la cena Henri se apersona en la puerta de este cuarto y me dice que ha descubierto una oferta de Dazn, abono gratuito por un mes. Y me lo explica como si yo no lo hubiese entendido: «Te abonas por un mes, vemos esta noche el partido, y dentro de un mes te das de baja». Me siento ante la compu de Diny y llevo a cabo todos los trámites para la membresía. Henri me pregunta luego que yo a favor de cuál de los dos voy a torçer, y cuando le digo que por el Liverpool me regala una sonrisa de oreja a oreja: «También yo».Y a las 9:00 pm estamos Henri y yo apoltronados en primera fila delante de la compu y pasa un minuto y penalty a favor del Liverpool. 1:0 en el minuto 2. Le cuento a Henri un caso parecido y que espero que no se repita hoy: la final del Mundial de 1974 en Múnich, Alemania vs. la naranja mecánica. Primer minuto y falta de Vogts a Cruijff dentro del área. Penalty, y el implacable Neeskens clava el gol en las mallas por el centro. Más tarde vendrían el vuelo de la golondrina a cargo de Hölzenbein, un penalty que no fue tal pero se pitó como tal y que supuso el empate. Y poco antes de terminar el primer tiempo uno de aquellos inimitables goles de Gerd Müller, a la media vuelta y dentro del área, encallejonado entre tres defensores naranja. «Ojalá no pase lo mismo esta noche», le dije a Henri. Y no ha pasado. Origi se encargó del 2:0 cuando ya la remontada era imposible para el Tottenham. Mi buen Henri se acaba de ir a dormir con la alegría de que “hemos” ganado esta final.

 

*****************THE END*****************

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